| ALCOHOLISMO, Oscuro ausentismo de la realidad. |
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Cuando
el alcoholismo se hace una realidad propia y empieza a chocar con las
demás realidades existentes, la mejor de las curas es enfrentarlo y no
ausentarse, pues se transforma en una marcha en retroceso, con pocas
posibilidades de retorno.
Por Antonio Moran del Cid
Jervin David González
Fotografía
Durante toda mi vida, como la vida misma, he visto la importancia y beligerancia que las personas le dan al alcohol y a todos sus derivados etílicos, pues sin importarles cuan necio puede ser el consumo, lo miran como una necesidad para poder socializar.
Cuando escucho del tema, me vienen a la mente un sin fin de recuerdos y listados de personas que fueron cayendo sobre las consecuencias de esta bebida, que se convirtió primeramente en sutil acompañante, en necesidad, luego en necedad y finalmente en una destructiva treta para acabar con el fruto de muchos años de esfuerzo en conjunto, que era el beneficio de la familia. Teniendo como resultado, la destrucción y perdida de todo lo material, incluyendo la salud y la lamentable perdida de la vida.
Muchas veces, el alcoholismo es la infame aberración para aislarse de un problema, una tentación o una frustración, donde se ven completamente confrontados los desdichados, que empiezan contando sus tormentos a los cuatro vientos, aunque nadie los oiga o se detenga por un momento a creerles, pero en realidad ¿Quién le cree a un alcohólico? pues todo mundo sabe que es un maestro de las mentiras, que en sus furias y algarabíllas de falsa emoción, la engañosa fantasía que regala a destajo esta enfermedad, redarguye que no es nuestra realidad la que ellos comprenden, sino es su propia irrealidad, la que ha ido cobrando espacio en estas vanas existencias.
Es una de las enfermedades que las vive toda la familia y es contagiosa para el que la tiene cerca, pues esposas que andan lidiando con los cónyuges a cuestas, después de que se han gastado el salario, para aquellos que aún no han perdido el trabajo, luego estos se las dan de muy machos, imponiendo una desorbitada ley de que en la casa mandan ellos y que un gran favor están haciendo, al ser la cabeza de esa fea familia, pues en la calle muchas hay que quisieran estar en el lugar de la infeliz que tiene por esposa.
Se llevan todo el menaje para empeñarlo por bebida, o empeñarlo por centavos, para tener con que invitar a los compadres de la lucha creada, según ellos, pero nadie se atreve a preguntar de cual de las luchas se está peleando.
Lo que en algún día empezó por celebrar algún acontecimiento, terminó en una trágica situación, donde toda la familia tiene su participación y su vivencia de contar y experimentar la enfermedad pasiva de un enfermo activo.
El Alcoholismo, un enfermedad que se entromete en el actuar de cualquier familia, restringiendo los valores naturales, familiares y sociales, en forma de tragos, que cada vez son más amargos y cada vez son más oscuros, como invitando a la muerte a que destruya cualquier cosa que nunca fue edificado por ellos. Alcoholismo, mal de tontos, pero no sólo de los pacientes, sino de todo un país que se permite negociar y generar grandes dividendos a costas de la debilidad y la marginalidad de un potencial completamente desperdiciado, el de su propio pueblo. ¡Salud!

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